domingo, 16 de octubre de 2011

Salto de altura en Motril, década de los 70 (bis)


          Richard Douglas Fosbury, conocido como Dick Fosbury (6 de marzo de 1947 en Portland, Oregón) es un ex atleta estadounidense especialista en salto de altura, que fue campeón en los Juegos Olímpicos de México 1968 y se hizo famoso por utilizar una nueva técnica para pasar encima del listón, que posteriormente han aplicado todos los saltadores y que se conoce como Fosbury Flop.
          Fosbury empezó a experimentar con la nueva técnica, luego llamada Fosbury Flop, cuando tenía 16 años, pues encontraba demasiado difíciles los estilos que entonces se utilizaban para ejecutar el salto, tales como el rodillo ventral, el rodillo occidental o el estilo tijera.
          La nueva técnica consistía en correr hacia el listón en dirección transversal y siguiendo una trayectoria curva, para una vez ante el listón saltar de espaldas al mismo y con el brazo más próximo extendido. Esta forma resulta más efectiva desde un punto de vista biomecánico, ya que permite dejar menos espacio entre el centro de gravedad del saltador y el listón a superar, con lo que se gana altura.
          Siendo un estudiante en la Univerisad de Oregon, Fosbury ganó en 1968 el título universitario de Estados Unidos usando su nueva técnica, y volvió a hacer lo mismo en las pruebas de clasificación para ir a los Juegos Olímpicos de México 1968.
          Una vez en la cita olímpica, mucha gente que no lo había visto antes se sorprendió al ver la técnica que Fosbury utilizaba, y se sorprendió mucho más cuando ganó la medalla de oro olímpica, estableciendo un récord olímpico con 2.24 m y la mejor marca mundial del año.



Dick Fosbury era el ídolo en los reportajes del diario Marca que mi padre, Manuel Martín Denia, traía todos los días a casa cuando tenía catorce años y hacía estudios de bachiller en el ITEM Julio Rodríguez; el salto de altura era una modalidad deportiva que por este motivo me atraía. El piecero de la cama en mi casa, en la calle San Roque número veinte, era el lugar de ensayo de esta técnica y en el patio de vecinos medía los pasos que tenía que dar antes de enfilar el salto impulsándome hacía la celosía de la segunda planta. 



Don José Alberto era mi primer profesor de gimnasia y en sus clases tuve la oportunidad de ensayar mi salto hasta una altura respetable de 1,35 m. sobre la cinta para pegar el costalazo en la árida arena del foso. Al siguiente año con José Vinuesa asistí sin su autorización, en el patio del instituto una fría tarde de sábado, a los XXIII Juegos Escolares de Atletismo en el año 1971; la primera competición deportiva en algo que me apasionaba, la competición fue muy duro y la ganó Paco Barranco con un gran estilo de rodillo ventral, conseguí quedar tercero con un excelente salto de 1,45 y recibir mi primera medalla que supuso una gran ilusión, y digo excelente porque saltábamos con unas zapatillas llamadas “Gorila”.


Al año siguiente en los XXIV Juegos Escolares competía como juvenil, muy fuertes rivales  aparecieron en escena, la plenitud física gracias a la práctica del baloncesto aunque no teníamos canastas reglamentarias, me proporciono la medalla de oro con unos saltos por encima de 1,55 m. Este fue el inicio para participar en competiciones provinciales escolares, universitarias y militares que me permitieron confrontarme con grandes rivales como el campeón de España Morillas en el Estadio de La Juventud. Al año siguiente, mi último año de instituto, los saltadores disponían de zapatillas de clavos, algo que no tuve oportunidad de probar. Mi compañero de entrenamiento durante algunos curso fue el “atleta Enríquez” todo un deportista que era poco habitual verlo por estos lares dedicado al deporte, los saltos fueron subiendo al 1,60...; pero los estudios eran preferentes, sin quitar la ilusión que se puede poner en estas actividades que te dejan un gran sabor de boca para encarar las dificultades que te van planteando la vida.



sábado, 22 de enero de 2011

Almendros en flor

Almendros en La Garnatilla

          Sábado 22 de febrero, mañana soleada y fría en nuestra costa, hay todo un espectáculo en nuestros campos, tierras en los que en otros tiempos  tenían mucha importancia la recogida de la almendra; en distintos rincones de nuestra comarca se pueden encontrar este esplendor de belleza con los almendros en flor, flor blanca en rincones y laderas. Flor rosada en las tierras de Itrabo. Algo que tenemos a nuestro alcance para disfrutar de la naturaleza privilegiada en la Costa.

          El almendro tiene su origen en las regiones montañosas de Asia central (Persia, Mesopotamia), donde es cultivado desde épocas remotas (5000 a 4000 a. C.), y a través de rutas comerciales, por todas las civilizaciones primitivas. En España probablemente es introducido por los fenicios, donde se ha convertido en la actualidad en el segundo país productor. Frutal de zonas cálidas, tolera poco el frío. La mayoría de los almendros se cultivan en secano, sobre suelos sueltos y arenosos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

“Viejo, loco, luchador, indomable”


          En el año 1985 vine a trabajar al barrio de la Divina Pastora, empecé dando clases en Educación de Adultos con un grupo de gitanos del Cerrillo Jaime que no sabían leer ni escribir en el colegio de Los Alamos, después de aquella experiencia conocí a mucha gente e hice muchos amigos; el barrio era pobre, humilde, con mucha tareas para emprender. En la Asociación de Vecino conocí a Antonio Béjar Guerrero, un hombre ya mayor, casado en segundas con una mujer polaca que conoció una mañana en la playa de Poniente, tenía tres jóvenes hijos y estaba jubilado con mucha ganas de trabajar por el barrio quitándole tiempo a su familia. La verdad que me resultó familiar colaborar con él, sobre todo después de venir un día a las clases de Adultos con un sombrero ruso que no dejó de sorprenderme.



           Empecé a estudiar Magisterio porque no pude matricularme en Medicina ya que mis profesores de inglés y tecnología me dejaron en séptimo curso algunas materias para septiembre en el 72. Cuando llegaron los exámenes los aprobé lógicamente y en la prueba de madurez en Granada fui ese año, que era el último, el único que aprobó las dos partes de ejercicio. Me fui a Química y ese año descubrí que aquello no era para mí; a pesar de todo hice tres cursos y Magisterio a la vez. En el primer curso teníamos dibujo artístico y lineal, el primero se me daba regular y el segundo muy bien. La cuestión es que me dio un verano por hacer dibujos imaginativos y en mi viejo cuaderno hice a lápiz una cara con un gorro que era el mismo Antonio Béjar quince años después. Aquella tarde se me encogió el estómago por aquella casualidad de la vida, a partir de entonces tuve una amistad comprometida trabajando por el barrio.



           Antonio era un gran luchador, por encima incluso de las enfermedades de la edad y aquello era de alabar, tuve la oportunidad de compartir numerosas actividades deportivas, culturas y sociales; conociendo a muchos vecinos de todas las edades, clases sociales y condición. Peleaba a brazo partido con los políticos de las corporaciones de los alcaldes como Cobo, Barranco o Rubiales; buscando siempre aquellos proyectos que beneficiaran al barrio. Un día en una reunión le levantó el bastón a Rubiales y le temblaron las carnes, más tarde ya se encargó este de ir descolocando a Antonio y su Asociación porque era un gran incordio para sus proyectos, ya que aunque era su sobrino no se casaba con sus argumentaciones.



           Con el paso del tiempo me quedé a vivir en el barrio, aquí conocí a Begoña y nacieron mis dos hijos, la verdad fueron unos años maravillosos. Este verano recibí la noticia de que se fue para siempre, una calurosa mañana paseando por sus calles, esas plazas, rambla y rincones que ya no eran los de antes. Ahora la rambla por fin la embovedaron, hicieron un paseo, colegios, asfaltaron calles y remodelaron edificios… y tanta cosas; el barrio crece hacía el este buscando el horizonte de la libertad. Pocos recordarán tu esfuerzo y tus largas horas de reuniones para hacer de la vida el esfuerzo que todos se merecen.



            Paseo por sus calles, me cruzo con sus vecinos, es una tarde de otoño en la que su luz parece más apagada y los pajarillos trinan en sus árboles ante la llegada de la noche; paseo, paseo… y no veo ningún viejo, loco, luchador, indomable que nos haga sentir que estamos más vivos que nunca.

sábado, 15 de mayo de 2010

Extraños fenómenos en el cielo de Motril


     En la década de los años sesenta y setenta era frecuente ver fenómenos que se salían de toda lógica, los pescadores en sus horas de faena en nuestro litoral granadino hablaban de extrañas y enormes bolas de luz que salían o entraban en el mar; eran años de una gran explotación sin freno de la fauna de nuestro mar de Alborán.



     En el periódico El Faro se escribían artículos con testigos sobre la aparición de una gran bola de fuego que bajaban sobre la ladera del Conjuro en dirección a Torrenueva, consumiéndose y dejando un claro rastro en su recorrido.



     En las trincheras del frente en la Guerra Civil, en los años treinta del pasado siglo, situado en las proximidades del pico del Águila cercano a Gualchos, ambos bandos observaron un extraño disco de luz que lo relacionaba con un arma secreta.



     El 17 de noviembre de 1979 un piloto de Caza de las Fuerzas Aéreas Españolas recibió la orden de perseguir a un objeto con forma de triángulo que había violado el espacio aéreo y cuyo eco aparecía en la pantalla de radar. A la altura de Motril, el receptor de radio del avión filtró varias voces infantiles que se dirigían al capitán exclamando: ¡Hola, ¿cómo estás?, hola, hola!...;. Ni siquiera desactivando el canal de emergencia desaparecieron aquellas expresiones y risas que provocaron el miedo del experimentado militar. El expediente permaneció secreto durante quince años en los archivos del Ejército del Aire.

      El historiador motrileño Manuel Dominguez García hace referencia a  San Antonio de Padua, elegido como patrón en la epidemia de 1679 y cuya ermita se le había construido a mediados del siglo XVII en el camino de Granada, junto a la Nacla; antes de sacar la imagen para pedir que se fuera la epidemia apareció en el cielo motrileño una enorme disco de luz que llegó a iluminar extrañamente la ciudad al atardecer, murieron más de tres mil motrileños, con la salida de la imagen cedió la enfermedad.


     Año 1999, domingo 29 de agosto a las dos y diez de la tarde por la vía que va desde la entrada del Puerto Comercial motrileño hasta el edificio de los Bomberos; viajaba en el vehículo Suzuki con Manolo y Cristina en la parte trasera. En aquel caluroso verano, ese día había algunas nubes en el cielo, empiezo a observar lo que parecía una gran nube bajar lentamente por la ladera del Cerro Gordo, se desplazaba sin hacer nada de viento; se dirigía en dirección norte sur hacía la Vega, a una altitud estimada de 400 metros. Al llegar a la altura del barrio del Varadero pude comprobar que tenía forma rectangular como si fuera un enorme invernadero, brillante metálico, con dimensiones estimadas en comparación con el terreno de ochocientos metros de largo, trescientos de ancho, por veinticinco de alto. Bruscamente realizó un rápido giro de bumerán en dirección Torrenueva, todo sucedió en apenas veinte segundos.

domingo, 9 de mayo de 2010

"La luz habita la sencillez"

    
     Hola Julio, he pensado jugarte un partido de tenis y aprovechar que algunas veces cuando nos hemos vistos y me has propuesto quedar para hablar de algunas experiencias, muchas de ellas compartidas con amigos comunes, parece que nos falta tiempo con nuestras obligaciones para buscar esos momentos para reflexiones y valorar esos instantes; algunas veces he pensado y le he dado vuelta a muchas cuestiones que difícilmente cualquier persona por muy amiga que fuera podía entenderme sin haber vivido los maravillosos años con el grupo del Instituto, la verdad que echaba de menos poder hacerlo, pues ahí va la primera bola.

 

     Sábado por la tarde del mes de enero del año 1979 en Granada, Paco, Carmelo y yo nos invitaron a visitar a María en su humilde casa del Zaidín, hacía tiempo que teníamos en mente un encuentro en Conchar que no llevamos a cabo. María era una mujer de ochenta y dos años, analfabeta que hacía doce años que se decidió a viajar a Fátima (Portugal) con Francisco y allí empezó a sentir mareos, visiones, pérdida de conocimiento, manifestándose de que hablaba con la Virgen. A su regreso a Granada empezaba a tener revelaciones y hacía curaciones entre sus vecinos, esto fue lo que nos contaron ella y su hija aquella tranquila y extraña tarde. En la casa había velas, retratos, imágenes y diferentes objetos; era un pequeño altar donde rezaban y recibían revelaciones de manera puntual.

 

     Bueno, todo esto sería lógico porque ya sabes como son los extraños fenómenos de los videntes y de las apariciones marianas, la cuestión es que no esperaba nada especial pero me llamaba la atención la sencillez de María; después de habla con su hija ella apareció en la sala y nos saludó muy amablemente, se dirigió a mí y decía que nos conocíamos.

 

 

 

     Por un momento intenté recordar cómo y dónde, haciendo el tercer año de Magisterio en la Normal empecé a realizar la prácticas, con mi amigo Cañas en el sorteo elegimos el Colegio Reyes Católicos porque pensábamos que estaría cerca y no tendríamos problemas de desplazamientos, cual fue la sorpresa que estuvimos tres maravillosos meses en este colegio que no estaba en la Gran Vía sino en el Zaidin justo a la espalda de la casa de María, sin duda pequeñas coincidencias.

 

   Cuando María me decía que nos conocíamos venía a mi mente con claridad las imágenes de ese encuentro, ella viajaba en el autobús urbano en una de esas esplendidas mañanas de primavera, y yo me dirigía a dar clase de física de segundo de Magisterio por la Avenida; parecía increíble que un instante imperceptible en el tiempo y un cruce de miradas significaran tanto, y que fuera a recuperarlo en aquel momento. Bueno este fue el inicio, cada palabra era un fuego en mi mente, me reconocía como si fuera su hermano, sabía quién era, aquella tarde me descubrió, a un adormilado estudiante que andaba titubeando hacia su destino. Esto fue lo más parecido a lo que entendemos por “telepatía”, asombroso, nos comunicábamos a través de un hilo invisible con un esbozo de palabras en sus labios. Qué podía decir, qué podía hacer, qué podía pensar, estaba desarmado, ese encuentro fue único y no podía expresarlo con palabras a Paco y Carmelo. Al instante entró en trance y de repente un olor a rosas llenaba la sala.

      Por eso he querido empezar con este lanzamiento, la vida es un juego que tiene pequeños instantes que te hacen descubrir una parte importante de nosotros mismos que no le damos suficiente cancha.